“El
amor entra por el estómago” es la traducción al castellano de lo que mi abuelo
solía decir en alemán y de lo que tenía escrito en su delantal mi mamá cada vez
que mi papá venía a visitarla en su época de novios. En general, amamos a la
persona que nos alimenta y la persona que nos alimenta lo hace por amor a
nosotros. Es por eso que quienes cocinan para sus seres queridos suelen
esmerarse por mejorar en tal arte. Es por eso que buscan recetas nuevas,
sabores diferentes a los acostumbrados…
o buscan repetir recetas que han gustado. Ahora bien, es cierto que por amor es
que queremos dar lo que más les gusta a nuestros seres queridos. Pero, ¿no
debería ser por amor también que queramos darles de comer platos que, además de
ricos, sean saludables? Es por amor que debemos buscar no solo satisfacer el
paladar, sino nutrir el cuerpo y así cuidar la salud.
Blog semanal sobre todo lo que nos ayuda a mantener una vida feliz y saludable *Los consejos aquí dados son generales. Para una atención más personalizada, consultá a tu equipo multidisciplinario de salud*
domingo, 12 de agosto de 2012
domingo, 5 de agosto de 2012
Neuroplasticidad
Según Joe Dispenza, autor del
libro “Desarrolle su cerebro”, las neuronas tienen la facilidad para asociarse
y conectarse con muchas neuronas diferentes formando circuitos, pero también
tienen la capacidad de encender y apagar los impulsos instantáneamente, a
voluntad. Esto es posible gracias a su neuroplasticidad: la capacidad natural
del cerebro para crear nuevas conexiones y circuitos neuronales, a cualquier
edad. Esto quiere decir que no somos esclavos ni de sentimientos ni de pensamientos
ni de hábitos. Podemos romper las ataduras en cualquier momento que queramos.
Lo que se necesita para salir de la prisión que nosotros mismos nos creamos es
tomar consciencia de este hecho importante: podemos cambiar… y empezar a hacerlo
conscientemente, pasa a paso, comenzando por cambiar el foco de nuestra
atención. Para poner un ejemplo: quizás tengamos la costumbre de decir “El
lunes comienzo la dieta”, “El mes que viene empiezo el gym”, “Como demás cuando
me pongo ansiosa”, “Estoy estresado, por eso fumo”, etc. Si conseguimos
desarmar esos circuitos y armar unos nuevos que respondan favorablemente con
respecto al objetivo de llevar una vida feliz y saludable, la tarea estará
completa… siempre que nos mantengamos alertas, ya que los circuitos antiguos
están latentes, esperando el momento oportuno para volver a activarse. No es
que sea fácil hacerlo. Esos circuitos antiguos están bien arraigados por haber
sido repetidos quizá durante años. Pero, si uno quiere cambiar, es posible
hacerlo con un reemplazo progresivo de esquemas mentales enseñándole al cerebro
respuestas distintas, creativas y novedosas para situaciones difíciles
frecuentes. En los casos anteriormente mencionados, las respuestas podrían ser
algo así como “Comienzo a comer saludablemente ahora”, “Empiezo a moverme más
desde este instante”, “Hago ejercicios de respiración cuando me pongo ansiosa”,
“Estoy estresado, por eso tomo clases de baile”, etc. Sea cual sea la respuesta,
debe ser una nueva manera de encarar un viejo problema. Debe ser algo que
nuestro cerebro no esperaba y algo que podamos mantener con el correr del
tiempo. Algo que nos lleve a nuestro objetivo. Repitiendo la misma estrategia
una y otra vez, las neuronas empezarán a conectarse entre sí creando un
circuito neuronal nuevo, saludable, cada vez más fuerte. Recordemos que lo que
pensamos reiteradamente y eso en lo que enfocamos nuestra atención es aquello
en lo que nos convertimos desde el punto de vista neurológico. Si nos pensamos felices
y saludables y si nos sentimos felices y saludables, seremos felices y saludables.
Memoria desmemoriada
La memoria es una función del
cerebro y, a la vez, un fenómeno de la mente que permite al organismo
codificar, almacenar y evocar la información del pasado. Es gracias a ella que
podemos retener experiencias del pasado en nuestro cerebro y es gracias a ella
que podemos recordar cosas que queremos hacer en el futuro. El hipocampo es la
parte del cerebro relacionada a la memoria y aprendizaje. Aunque a ciencia
cierta nadie sabe la capacidad de memoria del cerebro, puesto que no se dispone
de ningún medio fiable para poder calcularla, las estimaciones varían entre 1 y
10 terabytes. Algunos científicos sostienen que tenemos la capacidad de
almacenar en nuestra mente información equivalente a la de 10 billones de
páginas de enciclopedia. Sin embargo, a veces, esta función/fenómeno del
hipocampo falla. Es lo que me pasó la semana pasada y es por eso que no subí ningún
post el domingo pasado. Lo siento mucho. A modo de disculpas, este domingo subo
dos posts. Espero compensar así la falla de mi memoria :) Y ya que estamos en
el tema, decidí investigar qué cosas mejoran la memoria y qué cosas la empeoran.
Este post es el resultado de esa investigación. En personas sin ningún
compromiso cerebral, las condiciones principales que afectan la memoria son los
problemas emocionales (ansiedad, depresión, estrés, conflictos, baja autoestima),
el envejecimiento, los problemas con el alcohol, los sedantes y otros fármacos,
el sueño interrumpido, una dieta rica en azúcares, harinas refinadas y grasas
malas y la falta de actividad física. De forma inversa, el tratar los problemas
emocionales (ya sea con visitas al psicólogo o psiquiatra –dependiendo del
caso- o probar diferentes métodos de relajación hasta encontrar uno que nos funcione
a nosotros personalmente) y los problemas de adicción (en centros capacitados
para tales efectos), procurar noches de descanso ininterrumpido, mejorar la
alimentación (aumentar el consumo de avena, nueces, almendras, semillas, pescado,
ajo y de los vegetales y las frutas en general y disminuir el consumo de los alimentos ricos
en azúcares, harinas refinadas y grasas malas) y tener una rutina diaria de
ejercicios físicos mejora la memoria. El cerebro es un órgano que, como todos los
demás, necesita estar activo para ofrecer un rendimiento adecuado a sus
posibilidades. Si no se ejercita, disminuye su capacidad para pensar y
recordar. Según los expertos, la mayor parte de la memoria de las cosas lejanas es
guardada de una forma visual, más que en palabras. Por ejemplo, si perdemos las
llaves del coche, es bueno pensar en la imagen de uno mismo cerrando el coche
y luego ver qué hizo a continuación. Hacer crucigramas, recordar detalles de una película o de un libro o recordar lo que se ha desayunado
o qué ropa llevaba cierta persona en tal ocasión, etc. son maneras de ejercitar la memoria. Larry Katz, creador de una rutina de ejercicios especiales para el cerebro, recomienda la neuróbica. Estos ejercicios consisten en la inversión del orden de algunos movimientos comunes en nuestra
rutina diaria, lo cual altera nuestra percepción (sin por ello alterar nuestra
rutina). El desafío de la neuróbica es hacer todo lo contrario a los actos
automáticos, obligando al cerebro a un esfuerzo adicional: usar el reloj de
pulsera en el brazo contrario al que siempre se usa, caminar de adelante hacia
atrás por la casa, vestirse con los ojos cerrados, estimular el paladar
probando comidas diferentes, leer o ver fotos al revés concentrándose en
detalles en los cuales nunca había reparado, poner el reloj ante un espejo para ver la hora al revés, cambiar el
mouse de la computadora para el otro lado de la mesa, escribir o cepillarse los
dientes usando la mano izquierda (o la derecha en caso de ser zurdo), hacer un
trayecto diferente al habitual camino al trabajo, introducir pequeños cambios
en sus hábitos, hojear alguna revista y buscar una foto que le llame la
atención para luego pensar en 25 adjetivos que describen la imagen o el tema
fotografiado, intentar identificar los ingredientes que componen el plato que se está consumiendo y concentrarse en los sabores más sutiles, intentar
calcular cuántos están en el lado derecho y cuántos en el izquierdo al entrar
en un salón muy concurrido y/o fijarse en los detalles de la decoración y
enumerarlos con los ojos cerrados, seleccionar una frase de un libro e intentar
formar una frase diferente usando las mismas palabras, probar a jugar algún
juego o actividad que nunca antes se haya practicado, comprar un rompecabezas e
intentar encajar las piezas correctas lo más rápido que se pueda cronometrando
el tiempo (y repetir el ejercicio para ver los progresos en la velocidad), tratar
de memorizar la lista del mercado, consultar el diccionario para aprender una
nueva palabra por día e intentar usarlas en conversaciones diarias, escuchar
las noticias de la radio y la televisión al momento de despertarse para más tarde
hacer una lista mental con las más destacadas, al leer una palabra pensar en otras
cinco que comienzan con la misma letra… Esos son solo 20 de los ejercicios
mentales que podemos hacer para mejorar nuestra memoria y bien nos vale a todos
poner a ejercitar nuestras neuronas.
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