domingo, 18 de marzo de 2012

Xocolatl

Conseguí estas dulzuras aquí
Las primeras evidencias de uso del árbol de cacao (Theobroma cacao, del griego teos-dioses y broma-alimento) se encuentran en territorio mexicano, que hace mucho tiempo fue ocupado por culturas prehispánicas. En los primeros tiempos al parecer se lo consumía como una especie de “cerveza”. Tal “cerveza de chocolate” tendría una importante función ritual y muy probablemente se utilizaba en las celebraciones de matrimonios. En forma semi-líquida y líquida, el chocolate solía ser la bebida preferida de las realezas. Igualmente era considerado un alimento tonificante o energizante que se podía consumir mezclado en una masa de harina de maíz mezclada con chiles y miel. De las muestras que Hernán Cortés decidió llevarse consigo a España es de donde surge la historia del chocolate en Europa… y el resto del mundo. Puede argüirse también que fueron misioneros jesuitas, y no exploradores de América, los responsables de llevar por primera vez el chocolate a Europa a través de una red internacional de conventos y monasterios. La realidad actual es que hay muy muy muy pocas personas a las que no les gusta el chocolate y, sea quien sea la persona o el grupo de personas responsable de expandir el uso del cacao, estamos muy agradecidos ;) El significado literal de la palabra náhuatl de la que (para muchos autores) deriva la palabra chocolate (“agua agria”) poco y nada nos abre el apetito, pero el pensar en nuestra marca favorita de chocolate seguro nos hace agua la boca. Y es que desde la época en que se consumía como una bebida amarga y picante las cosas han cambiado mucho. Es increíble pensar que se trata de la misma materia prima. El chocolate negro es el chocolate propiamente dicho, pues es el resultado de la mezcla de la pasta y la manteca del cacao con azúcar, sin el añadido de ningún otro producto (exceptuando vainilla como aromatizante y lecitina de soja como emulsionante). La pasta de cacao en estos chocolates debe estar presente en una proporción del 50% o más. Los distintos tipos de chocolate se elaboran modificando las proporciones entre sus componentes y añadiendo otros productos a la composición básica. El chocolate con leche (en polvo o condensada) es el derivado del cacao más popular. Se trata básicamente de un dulce, por lo que la proporción de pasta de cacao suele estar por debajo del 40% El chocolate blanco, estrictamente hablando, no se trata de chocolate como tal pues carece en su composición de la pasta de cacao (la materia que aporta las propiedades del cacao). Se elabora con manteca de cacao (por lo menos el 20%), leche (en polvo o condensada) y azúcar. Nutricionalmente hablando, el chocolate tiene mala fama por las calorías que aporta. Pero esto tiene más que ver con los agregados que con el chocolate en sí y también con la cantidad de chocolate que consumimos. En pequeñas porciones, tiene cabida dentro de un plan alimentario balanceado. Es más, los estudios que se han realizado relacionados con el chocolate apuntan a que el chocolate negro puede bajar la tensión en personas hipertensas. Esto es gracias a los polifenoles antioxidantes del cacao, concretamente los flavonoles (que parecen mejorar la dilatación de las arterias). Cuanto mayor porcentaje de cacao tenga un chocolate, mayor probabilidad de tener un alto contenido de flavonoles. Pero esto siempre en pequeñas cantidades y siempre “en lugar de” y no “además de” otros alimentos del plan alimentario. Es bueno recordar que el máximo placer de comer un chocolate está en los dos o tres primeros bocados, así que se puede consumir una pequeña cantidad de chocolate y concentrarse en el sabor y la textura. Eso resulta más gratificante que engullir todo un pedazo de torta sin siquiera prestarle atención. Disfrutar sin culpas posteriores es la consigna cuando se trata de este “alimento de los dioses”.

domingo, 11 de marzo de 2012

Compra productiva y provechosa

Conseguí esta foto en este interesante artículo
Ir de compras. Algunas personas AMAN hacerlo. Otras lo odian. Y otras más son totalmente indiferentes. Sea cual sea el grupo al que pertenezcamos, lo cierto es que todos podemos beneficiarnos de tips para realizar compras inteligentes. Lo primero y más importante: no ir al supermercado o a la despensa con el estómago vacío. Cuando tenemos el estómago vacío, nos tientan aún más los artículos que vemos. Capaz no los necesitamos y no teníamos pensado comprarlos, pero nos tientan y terminamos comprándolos. Otra ayuda para no comprar artículos innecesarios: hacer una lista de compras en casa. Verificar la heladera y los estantes de la cocina para ver qué es lo que realmente necesitamos. Poner medidas y cantidades de lo que necesitamos comprar. Cuanto más detallada la lista, menos probabilidades de comprar artículos innecesarios. Un punto que no siempre tenemos en cuenta: el tamaño del carrito. Cuanto más grande, más probabilidades de compras innecesarias. Si en nuestra lista no figuran muchos artículos, quizá incluso es mejor utilizar la canastita en vez del carrito. Los grandes supermercados son lugares de grandes negocios. Como tales manejan estrategias de marketing con el objetivo de vender. Es por eso que los artículos de primera necesidad siempre están hacia el fondo del local. De esta manera, el cliente tendrá que pasar por todo el local para llegar a ellos… y en el camino podrá tentarse con mil y un artículos con sus diferentes promociones, degustaciones y demás astutas técnicas de merchandising. No es que esté mal lo que hacen para vender, es su trabajo. Pero nuestro trabajo como clientes inteligentes y sensatos es no dejarnos engatusar por dichas estrategias. He aquí la importancia de la lista de compras y de ir al supermercado con el objetivo de conseguir lo que necesitamos. Todos tenemos un super de preferencia al que vamos regularmente. A veces vamos tantas veces que sabemos de memoria la ubicación de los artículos. Pero, ¿no les pasó que un día van y de repente está todo el local dado vuelta? Los artículos han cambiado de lugar y ya no sabemos dónde está qué cosa. Resulta que eso también es un truco del super. Se cambia de ubicación a los productos para eliminar la memoria y rutina de los clientes habituales, obligándolos a recorrer todos los pasillos en busca de la nueva ubicación de los productos que desean. Con esos cambios se procura promover las compras espontáneas. En general y por pura comodidad, compramos los productos que están situados a la altura de nuestros ojos. Así que, ¿qué productos son los colocados a esa altura? Obviamente los más caros. Y esto también se aplica al nivel de los ojos de los niños, con respecto a los productos infantiles más caros. Si nos es posible y queremos economizar, sería bueno que nos tomemos el tiempo de mirar las diferentes marcas que ofrecen el mismo producto, aún si es implica tener que agacharnos para analizarlos. El último punto donde procuran vender algún producto que no estaba en la lista es en la caja. Siempre está rodeada de pequeños estantes con diferentes chucherías que piden ser compradas. Si no estaba en la lista, lo único que hará es aumentar la cuenta final… y probablemente la cuenta calórica (sin contar el número de visitas al odontólogo). La experiencia de comprar productos que necesitamos no tiene por qué ser algo tedioso ni algo que nos preocupe a fin de mes. Si incorporamos en nuestra rutina diaria estos tips y sabemos a qué nos enfrentamos, incluso puede llegar a ser un pequeño placer del diario vivir.

domingo, 4 de marzo de 2012

Tierra limpia, alimentos limpios: separar la basura

Conseguí esta idea aquí
Resulta interesante que el concepto de “Reducir, reusar y reciclar” está en todos lados, que todos sepan que la basura va al basurero y no a cualquier basurero sino a aquel específico para el tipo de basura que deseamos tirar. Todos lo saben, pero… ¿cuántos de nosotros realmente nos tomamos la “molestia” de tirar la basura en el basurero? Solo hay que recorrer las calles para darnos cuenta de que la gran mayoría no lo hace. Y mucho menos pedir que separen la basura o reciclen. Ahora bien, quejarnos del asunto no sirve para nada. Lo mejor es hacer algo al respecto. Primero y primordial: la basura va al basurero. Es cierto que hay personas encargadas de limpiar las calles y que incluso se les paga por ello, pero ¿de verdad queremos ser de la clase de persona que ensucia solo porque alguien más vendrá a limpiar? Es más, estas personas ya tienen mucho trabajo de por sí con todas las hojas que caen de los árboles y la suciedad que llevamos de aquí para allá con nuestros zapatos. ¿Por qué no alivianar su carga laboral simplemente tirando la basura donde pertenece, en el basurero? Para quienes ya es un hábito el tirar la basura al basurero, podemos ir un paso más allá: separar la basura en orgánica e inorgánica. ¿Por qué? Porque esto facilita la tarea de reciclar lo reciclable y nos permite producir composta a partir de las basuras orgánicas. Los residuos orgánicos son los biodegradables (se descomponen gracias a la acción de microorganismos), como ser: cáscaras de frutas y verduras, sobrantes de comida, café o té, residuos de jardinería, cascarones de huevo, cabello, etc. Los residuos inorgánicos son los que no se descomponen o que tardan largo tiempo en descomponerse, como ser: bolsas, empaques y envases de plástico, vidrio, papel, cartón, metales, electrodomésticos, artículos de oficina, cerámica, clavos, ropa, zapatos, etc. Sí, parecería mucho trabajo, pero es una manera de cuidar nuestro planeta y, consecuentemente, nuestra salud. Bien vale la pena. En realidad, es cuestión de que incorporemos el hábito de separar la basura en nuestra rutina diaria para que sea algo que hacemos naturalmente y sin trabajo. Se dice que toma unas 3 semanas para que algo se vuelva parte de nuestra rutina. ¿Por qué no procurar hacerlo este mes? Para cuando sea momento de otro post sobre este tema, ya será parte de nuestro día a día.